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Posts Tagged ‘muerte’

ImagenYo soy la Resurrecciòn y la vida; el que cree en mi, aunque este muerto, vivira”(Juan 11:25)


Una tragedia, una muerte, silencio, dolor. La partida de un ser amado. ¿Cómo continuar? ¿Qué decir? ¿Cómo mitigas el odlor que causa una ausencia? ¿Qué palabras usas cuando una boca ha sido silenciada? ¿Qué será de ésta melodía, cuando un iunstrumento ha callado? ¿Qué será de la dulce armonía?
 
Cuando una estrella, aunque por un momemto, se apaga en el firmamento, entiendes que una luz cesó en tu vida, y por tanto, su ausencuia provocará tinieblas en tu corazón. Las luces se apagan, el telón baja, el teatro se desocupa. El “estelar” de ésta obra se ha ido…
 
El dolor, la pena de un ser amado que se ausenta no es mitigado con cualquier bálsamo, y la herida no es fácilmente sanada con simple ungüento. Debe de ser La Palabra de Vida y El Consuelo del Padre de TODAS las luces la que restaure las cicatrices que el dolor de una partida deja en los corazones.
 
Ahora, con los ojos carnales, vemos que una obra ha venido a su fin, que una orquesta cesó, que un instrumento calló, que una luz fue apagada de la inmensa bóveda celeste…. Mas no es asi… No ha terminado, aún continúa todo, pero en un lugar distitnto…
 
El escenario terreno, ha sido abandonado, para ser recibido en las escenas celestiales. Cuando los párpados se cierran al descanso y reposo Celestial cual Telón, en El Cielo, es develada la Magistral Obra Eterna, donde Cristo mismo es quien Ilumina la vida del nuevo actor celestial.
La orquesta terrena cesa su sonido para dar lugar al sonido de las arpas celestiales que reciben con gozo Al NUevo Miembro de los Redimidos Inscritos en los cielos. El instrumento enmudece npara dar cabida y dejar a los otros tocar. La estrella se apaga para ahora brillar en otro Cielo que Nunca se acabará ni se desvanecerá como un pergamino cerrado…
 
Y aunque el dolor aqueje nuestro corazón y el dolor abata nuestra alma, nuestra Esperanza, alegría y goz debe enfocarse en La Alegría del Ser Amadon que ahora es recibido en La Eterna Gloria y que ha sido revestido de ropas blancas, de un tabernáculo incorruptible, de una luz innagotable, que no se envejecerá y no morirá jamás. Donde a muerte no es siquiera ya un recuerdo, sino que ha quedado en el olvido. Al lado de Aquél que “hace nuevas todas las cosas” y con TODA una Eternidad por delante para ser pastoreado de Mano de Aquél que tanto le amó y seguir como oveja Su Voz Pastoreando en un lugar donde estaremos segurois. En los pastos celestiales, en El Redil Divino, donde ningun peligro nos sobrevendrá, ni temor repentino nos sorprenderá.
 
Bienaventurado quien ya lo alcanzó.
Soli Deo Gloria.
 
IN MEMORIAM
 
Francisco Del Viento Camacho. Hermano, hijo, y sobre todo, amigo.

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Estás en la sala, todo está en silencio, a la expectativa. La gente te mira con grande asombro, nadie se imagina lo que pasaría. Ves a aquél hombre serio, su mirada tan imponente apagaría al Sol mismo. Lo ves preparándose para lo que vendría… El juicio había terminado y la sentencia había sido determinada. La hoja estaba sellada y una tinta roja destellaba al final anunciando el veredicto con penetrantes letras rojas acompañadas con el golpe del martillo del juez que retumbó por toda la sala…
¡CULPABLE!
Fue la declaración de la boca del juez, quien era conocido con su justicia… El fiscal ríe jactanciosamente, se anuda su corbata, como si nunca perdiese un juicio.
El recuerdo viene a tu mente y lo hace apara atormentarte, ¿qué sigue? Te preguntas a ti mismo. Todos los actos vienen a tu mente, tus errores, lo que pudiste haber hecho viene en remembranza. No puedes resistirlos. Es demasiada culpa. El arrepentimiento viene sin dudarlo, las lágrimas hacen acto de presencia. ¡Dios mío! ¿Porqué no lo pensé mejor? Si tan sólo me hubiera detenido…mas ahora es demasiado tarde. La sentencia había sido dada y el castigo preparándose…
Te acercas al juez, que se prepara, “¿Para quién es ese látigo?¿Quién ha de recibir ese castigo?” El juez mira la lista, y con sus labios pronuncia tu nombre. Entonces se te hace un nudo en la garganta, tu corazón palpita desesperadamente… la pena de muerte no es algo ligero, para nada lo es, simplemente te hace pensar en TODO lo que has hecho, lo que no debiste hacer y lo que te hubiera gustado hacer….
De pronto, el juez te pasa de largo, como si no existieras, te mira como si fueras una persona más. Sólo vez en su mirada algo distinto… Te pasa de largo, mientras con pasos profundos y firmes se dirige al salón del castigo, el lugar donde siempre salen caminando menos personas de las que entran… el lugar donde no hay retorno… La puerta se cierra, y todo se vuelve silencio… De pronto, al sonar el primer golpe, empiezas a escuchar gritos desgarradores, como si fueran dolores que sufriesen hasta la misma alma. El juez estaba aplicando el justo, severo y doloroso pago. El quebrantamiento y la aflicción de aquella persona de adentro, era tan grande, que sus gemidos, sus gritos pudieron ser fácilmente escuchados muy a lo lejos, su profundidad pudo bien haber sido percibidos fuera de éste mundo…
No era nada bello estar en ese lugar, no había paz en tu corazón, lo que en un momento fue silencio e había inundado de latigazos, dolor, gritos, desesperación. Era IMPOSIBLE mantenerse quieto o en serenidad ante tal despliegue de dolor y la incertidumbre sobre el futuro no trae paz alguna al corazón.
 

No era para menos. Ese juez era bien conocido por odiar aquello que se levantara en contra de la justicia y no era conocido por tener en poco a los que la quebrantaran. “¿Quién habrá sido aquél hombre de adentro?¿Porqué sufre tanto?… pero sobre todo…¿qué me esperará a mí? ¡Soy el peor de los que están en ésta sala!”, te preguntas a ti mismo… De pronto todo se aquieta, y el silencio vuelve poco a poco. Y entonces, vez al juez salir, su mirada refleja dolor profundo, pero a la vez, satisfacción de haber cumplido su Ley… Se acerca a tí y le preguntas, ¿Quién era el hombre de adentro? Mientras el juez dice con serenidad y con una sonrisa en su cara el nombre de esa persona… Lo que ha salido de sus labios detendría al mundo mismo. ¡Ha dicho tu nombre! Después, te dice con una sonrisa en el rostro mientras te abraza: “Descuida, ahora todo estará bien, mi pequeño… mi hijo…”.Mientras tu confusión pasa por tu mente, tu corazón sientes que se detiene ante tal impresión. Quien en un momento parecía aborrecerte, ahora te ha abrazado en su seno… Y al lado de tí, ves a las personas sacando el cuerpo de aquél hombre, rodeado de sangre, prácticamente irreconocible…mas, cuando te acercas, y miras cudiadosamente, ves algo que te deja impresionado y sin palabras… ves en él, un razgo, que es imposible de no reconocer, un razgo que es hereditario y que solamente tenía alguien, su padre… era… El Hijo del Juez. “¿Qué ha sucedido?” Te preguntas. El juez claramente dijo tu nombre, y su hijo era conocido por ser el orgullo de su padre. “¿Qué es esta locura? ¿Porqué él ha dicho mi nombre y es otro quien ha recibido ésto?” El hijo del juez, tomó tu nombre, tu culpa y su padre lo trató como si fueras tú, y a tí ahora, te ha tratado como si fueras su hijo mismo, su orgullo, su tesoro, después de haber sido pagado todo. Ahora, la sentencia, fue cumplida, el castigo merecido, fue pagado, los papeles.. fueron cambiados… ¡Ya no hay más pago qué hacer! Ahora, has sido libertado, hecho hijo, siervo, heredero, ciudadano, amado y eres alguien que recibirá de cada regalo que el Juez y ahora Padre tuyo tenga…. Ahora, eres distinto a los ojos del padre, porque al verte a tí, ve a su hijo, a quien tanto amó, sobre quien él mismo tuvo que hacer cumplir su justicia… Ahora, ¡Eres Libre!…
“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.
Mas él herido fué por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga fuimos nosotros curados.
Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino: mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.
Angustiado él, y afligido, no abrió su boca: como cordero fué llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.”(Isaías 53:5-7)

“Con todo eso Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole á padecimiento.” (Isaías 53:10) 

LIBRE…

“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. “(Romanos 5:8) 

Gracias Señor! Te amamos!
SOLO A CRISTO DAMOS LA GLORIA! 😀
Les dejo ésta hermosa predicación del hermano John MacArthur llamada “El Hijo pródigo, con un final INESPERADO.” Gracia y paz a vosotros. 😀

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